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martes, 23 de mayo de 2017

¿Por qué el cielo es atractivo?

En Brooklyn había una madre moribunda; y fue necesario apartarle de su hija, porque la pequeña niña no podía entender la naturaleza de la enfermedad, y molestaba a su madre. Todas las noches la niña sollozaba por dormir en una casa vecina, porque ella quería regresar con su madre; pero la madre empeoró, y no podían llevar la niña al hogar. Finalmente la madre murió; y después de su muerte pensaron que lo mejor era no dejarla ver a su madre muerta en el ataúd.
Luego del entierro la niña corrió en una sala exclamando "¡Mamá! ¡mamá!" y luego en otra exclamando"¡Mamá! ¡mamá!" y así registró la casa entera, y cuando la pequeña criatura falló en encontrar a aquella amada, clamó para ser llevada otra vez con los vecinos. 
 
Así, lo que hace atractivo al cielo es el pensamiento de que veremos a Jesús que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros.
Si me pregunta porque Dios debe amarnos, no podría responderle. Supongo que es porque Él es un verdadero Padre. Su naturaleza es amar; así como la naturaleza del sol es brillar. Él quiere que usted participe de ese amor. No permita que la incredulidad lo mantenga lejos de Él. No piense que, porque es un pecador, Dios no lo ama, o que no se interesa por usted. ¡Él lo hace! Él quiere salvarle y bendecirle.
"Porque Cristo, cuando aún éramos flacos,
a su tiempo murió por los impíos." (Romanos 5:6).
¿No es eso suficiente para convencerlo que Él le ama? Él no hubiera muerto por usted si no lo hubiera amado. ¿Es su corazón tan duro como para que puedas estar firme contra su amor, y despreciarlo e ignorarlo? Puede hacerlo: pero será bajo su riesgo.
Puedo imaginar que algunos están diciéndose: "Sí, creemos que Dios nos ama, si lo amamos, creemos que Dios ama al puro y santo."
Permítanme decirles, mis amigos, Dios no sólo ama al puro y el santo: Él también ama al impío.
"Mas Dios encarece su caridad para con nosotros,
porque siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros." (Romanos 5:8).
Dios lo envió para morir por los pecados de todo el mundo. Si usted pertenece al mundo, entonces es destinatario de este amor que ha sido exhibido en la cruz de Cristo.
Dwight L. Moody
(1837-1899)

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